
LA VALIDACIÓN DE LA MISOGINIA: LUISA MARÍA ALCALDE Y EL PREMIO A LA VULGARIDAD
Por: Cuauhtémoc Villegas Durán
Cuando se esperaba que la llegada de una mujer joven, culta y con perfil «institucional» a la dirigencia nacional de Morena como Luisa María Alcalde marcara una diferencia, la realidad política de Aguascalientes le ha puesto su primera gran prueba. Y la respuesta ha sido el silencio cómplice, o peor aún, la validación indirecta.
Lejos de «desmarcarse» de la bajeza de Fernando Alférez —quien en plena tribuna legislativa y frente a una diputada soltó la «erudición» de que «los hombres también tienen leche»—, la cúpula nacional parece haber interpretado el mensaje con un cinismo operativo: «Si Alférez tiene ‘leche’ (política y mediática), sacamos su candidatura, ¿cómo no?».
EL MECANISMO DE LA IMPOSICIÓN POR CÍNICA LEALTAD
Este episodio no es un hecho aislado; es el «modus operandi» del centralismo impuesto por el «Gran Cacique». En el ajedrez de Morena, las «encuestas» y los méritos son secundarios. Lo que cuenta es la capacidad de ser un operador útil y fiel, sin importar los costos éticos.
- El «Patanismo» como Herramienta: Alférez no es un ideólogo; es un perfil de choque. Su vulgaridad no es un error de cálculo, sino una demostración de poder: puedo decir la mayor bajeza y mi partido no me tocará. Esta «leche» es el combustible que Morena necesita para intimidar a la oposición local.
- El Silencio de Luisa María: Alcalde, quien en otros foros se presenta como defensora de la igualdad y la juventud, guarda silencio ante esta afrenta directa a una legisladora de Aguascalientes. Su inacción envía un mensaje claro a la militancia y a la ciudadanía: en Morena, la misoginia es perdonable si el perpetrador es un ‘leal’ operador del proyecto.
- La Sucesión Feudal: Así como en el sureste AMLO impuso a sus incondicionales para proteger sus obras faraónicas (Javier May, Layda Sansores), en Aguascalientes se está pavimentando el camino para que Alférez, o sus aliados, controlen la candidatura a la alcaldía o diputaciones clave. Su «leche» —su capacidad de ruido y confrontación— es su mejor credencial ante una dirigencia nacional que busca perfiles que no cuestionen, sino que obedezcan.
CONCLUSIÓN: UN CASTIGO A LA DIGNIDAD
La validación indirecta de Luisa María Alcalde a Fernando Alférez es el premio a la degradación del debate público. No estamos ante un debate biológico; estamos ante la claudicación de la dignidad de un partido que, mientras el «Más Allá» (como los Sayas y Montenegro) se revolvía en sus tumbas por la vulgaridad, aquí en la tierra el «Alférez» ya está ordeñando los frutos políticos de su propia ordinariez.










