Aguascalientes, Ags. – En un fenómeno de la física política que desafía toda lógica democrática, el senador panista Juan Antonio “Toño” Martín del Campo ha desarrollado un severo caso de «amnesia electoral cronológica». Fuentes cercanas a su espejo aseguran que el legislador ya no se ve como precandidato, ni como aspirante, ¡sino como el mismísimo Gobernador Constitucional del Estado!
Al oriundo de la capital se le olvidó un pequeñísimo, minúsculo y casi insignificante detalle: todavía falta que se organicen, voten y califiquen las elecciones para el relevo en el Palacio de Gobierno.
El «Efecto Corona» anticipado
Mientras en las calles la moneda sigue en el aire y la grilla interna apenas empieza a calentar motores, en la mente del ingeniero civil la mudanza ya está hecha. Dicen las malas lenguas que ya anda midiendo las cortinas del despacho principal y ensayando el saludo oficial frente al espejo mientras sus asesores le recuerdan, discretamente, que para llegar a la silla primero hay que pasar por la aduana de las urnas (y, claro, ganarle a los fantasmas de su propio partido que también quieren su rebanada de pastel).
La cosa se le está complicando más de lo que sus encuestas alegres apuntan. El panorama no es el jardín de rosas que le pintan sus allegados:
- El fuego amigo no da tregua: La interna panista en Aguascalientes suele ser más brava que una corrida de toros en plena Feria de San Marcos. Sus rivales de grupo no están dispuestos a dejarlo pasar gratis, y la famosa «unidad» azul se sostiene con alfileres y saliva.
- Morena acecha en el retrovisor: Aunque Acción Nacional se siente el dueño absoluto de la huerta hidrocálida, los de la acera de enfrente andan midiendo el agua a los camotes, listos para aprovechar cualquier tropezón del puntero que se cree inalcanzable.
- El síndrome del «Candidato Inflado»: Llegar antes de tiempo al festejo suele dejar a los políticos sin aire para la verdadera carrera. Entre más se siente gobernador antes de tiempo, más flancos deja abiertos para que le recuerden que el poder se gana con votos, no con puras ganas.
Al ritmo que va, Toño corre el riesgo de quedarse como el clásico invitado que llega de etiqueta a la fiesta equivocada… y tres horas antes de que abran el salón. Alguien que le avise que el horno todavía no está para bollos y que, en política, del plato a la boca se cae la sopa. ¡A ver si no se le quema el arroz antes de que empiece la campaña de verdad!











