POR: REDACCIÓN DESDE EL SOTANITO DE LA REDACCIÓN
CIUDAD DE MÉXICO.— En una más de esas piruetas mentales a las que ya nos tienen acostumbrados en la cúpula del poder, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó una enérgica recomendación a la patria: «No vean TV Azteca, mejor lean el pasquín La Jornada». El llamado al boicot intelectual sería muy patriótico si no fuera por un pequeñísimo detalle que se puede revisar desde cualquier escritorio con acceso a Transparencia: el gobierno federal le sigue inyectando decenas de millones de pesos al año a la televisora del Ajusco en publicidad oficial.
Al parecer, para la alta plana de la transformación, tirar el dinero de los contribuyentes al vacío de los comerciales televisivos no importa, siempre y cuando la militancia purifique sus almas leyendo las sagradas escrituras del diario oficialista por excelencia.
El amor apache: Te financio pero te pego
La lógica es impecable: por un lado, se acusa a la televisora de ser el enemigo público número uno de la verdad, pero por el otro, se firman contratos millonarios para que el logotipo del gobierno salga entre cortes comerciales. Según fuentes que prefieren quedarse en el anonimato para que no les quiten su beca, la estrategia consiste en «financiar el capitalismo para destruirlo desde adentro», o simplemente mantener el negocio de la propaganda mientras se simula un pleito de cantina para entretener a la tribuna.
«Es un sacrificio que hacemos por la nación», murmuró un funcionario mientras aprobaba otra partida presupuestal para espectaculares. «Les damos millones para que nos peguen, y luego les decimos que no los vean para que no les duela».
La Jornada y el tafil periodístico: Un día tarde para el horror
Para sustituir la pantalla chica, la recomendación oficial es refugiarse en las páginas de La Jornada, un diario conocido por su velocidad luz a la hora de reportar… las felicitaciones de cumpleaños de la dirigencia, pero con un severo problema de retraso cuando las noticias queman.
El caso más reciente dejó claro el nivel de rigor del pasquín predilecto: mientras el país entero se estremecía con el hallazgo de un crematorio clandestino y las madres buscadoras gritaban la verdad ante el silencio institucional, para los «jornaleros» de la redacción aquello era solo un «presunto centro de exterminio» que no merecía arruinar la portada. El diario tardó un día entero en enterarse de la existencia del lugar, ocupado como estaba en redactar crónicas de los viajes internacionales y las sonrisas de Palacio. Es hora de que no se entera ninguno de sus licenciados reporteros que no fue uno sino dos centros de exterminio los que se encontraron, ni una, ninguna estrellita comunicacional de la constelación jornalera se ha enterado que hubo dos centros de exterminio.
Las preguntas que nunca existieron
La ventaja de pedirle al pueblo que solo lea el diario oficial es que ahí la comodidad está garantizada. En las conferencias y pasillos, los reporteros del diario consentido han perfeccionado el arte de la pregunta invisible: esa que nunca cuestiona el aumento de la violencia, la crisis forense, ni los pactos en la sombra.
Para la línea editorial de La Jornada, la presidenta no es un sujeto de fiscalización periodística, sino una figura de culto a la que es mejor no incomodar con realidades incómodas. Total, si el país se está incendiando en Colima o los pozos de los municipios sacan lodo orgánico, siempre se puede publicar un suplemento especial sobre los logros de la soberanía nacional mientras las transferencias bancarias de la publicidad oficial siguen cayendo, puntuales, tanto a los pasquines de izquierda como a las antenas de la derecha. ¡Viva el pluralismo financiado!










